Hace un par de meses fui a la comida de ex-alumnos de mi colegio. Sentimientos -pará que me saco el reloj- encontrados si los hay. Bastante cosa junta. Ya la cuestión física de estar ahí, es de por si “raro”. El colegio. Ese lugar. 12 años. Ese patio, ese hall, ese comedor, esas mesas, esos chicles pegados abajo, esos pasillos, etc. etc…

Y estando ahí, compartiendo una comida con extraños no tan extraños. Hablando de la vida y poniéndome al día con alguno me pregunta: ¿Qué es de la vida de tal? ¿Y de tal? ¿Y de tal? De alguna manera casi todos los personajes que me nombraba eran parte de mi vida cotidiana. “Pará, te ves cono todo el mundo”, me dijo. Y la verdad es que no. No me veo con todo el mundo. Pero todos los personajes que el nombró uno por uno, tenían algo en común conmigo. Algo en común entre sí. Y algo fuera de lo común para él.
 
No me di cuenta hasta más tarde, cuando hablando con otros de los que son parte de mi grupo de amigos más “cotidianos” caí en la cuenta que eso que tenemos en común es algo indefinido. Pero es algo que nos define. No sé si como “raros”, “distintos”, lo que sea. Pero definitivamente no parecemos salidos del mismo riñón que la mayoría de los egresados del colegio. Pero de alguna (u otra) manera estamos relacionados por un hambre distinta. Por una pasión que tal vez se nutre de nosotros mismos, de un espacio liberador que nos permite ser y buscar de una forma distinta. No mejor, no pero, pero si distinta.
Si miro a ese grupo “cotidiano” y no tanto. A esa gente que “veo seguido”, hay algo que tenemos en común todos. No sé que carajo es. pero me enorgullece ser parte. Porque si bien tenemos cosas muy distintas, pensamos muy distinto en millones de cosas, valoramos algún aspecto de todas esas diferencias que nos hacen bien. Que nos hacen crecer. Y vemos en esa diferencia algo que nos nutre y es necesario.
Puede que sea porque estoy pasando por un período muy introspectivo (y whiskero) de mi vida, pero caí que a cuenta que tengo muchas cosas grosas en este grupo de “amigos”.  ¿Qué somos? No sé. Pero a mi me motiva tener amigos que sean así. Distintos, apasionados, fuera del manual, fuera del estereotipo, “indefinibles” de alguna manera. No reniego de los que no lo son. Hay gente en mi grupo que está más cerca de un manual Kapeluz que otra cosa. Que su día de locura es cuando un amigo le cuenta una anécdota. Pero de alguna (u otra manera -nuevamente-) aportan algo. A mi, a todos estos personajes que me circundan me aportan algo. Abogados, Ingenieros, músicos, Idealistas, padres, solteros, novios, musicoterapeutas, agrónomos, financistas, sojeros, emprendedores, comunicólogos, comunicadores, publicistas, etc, etc, etc.
Ciertamente, a veces me da mucha paja, a veces me fascina, a veces me da igual. Pero definitivamente el grupo de gente que me rodea me define. Hay pasiones que nos lleven a  no ser tan de manual. A no seguir la regla. a mandar todo al carajo. A buscarle la vuelta al esquema. A lo que sea. Pero por lo menos nos cuestionamos la norma en algún momento de alguna manera. Aunque sea aceptando al que no es el prototipo de “la norma”. Y tenemos alguien a quién contarle nuestro delirio.
¿Qué hago? No sé. Pero me gusta compartir. Debatir, putear, hacer que la gente se mueva.
 Al que no hace nada, no le pasa nada, pero:”Al hombre que hace cosas le pasan cosas”. Yo quiero hacer, yo quiero que me pasen cosas. Y por suerte es así.
Creo que espero poder releer esto dentro de unos años y encontrarme sonriendo.

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