Él, hacía unos años, le había dicho que siempre serían “una cuenta pendiente”. (Aunque se habían hecho mutuamente todas las cuentas durante casi 5 años). Ya habían pasado más de 8 del último beso, del ultimo “te quiero”, del último, “yo también”. Entre lágrimas ella le había dicho “cambiame la película”, pero la película no cambió y los créditos parecían seguir en pantalla. Había pasado mucha agua bajo el puente. 8 años de distancia física y emocional. Se habían visto varias veces pero siempre con la fría distancia y el protocolo de “los ex”. Esta vez había algo distinto. Parecería que lo obvio era su panza de 5 meses. Pero no pasaba por ahí. De alguna manera las miradas no eran las mismas. Había una madurez en sus ojos que dejaban ver que el trato estaba cerrado. Sin haber dicho nada, ambas partes se habían puesto de acuerdo. Y en este “negocio”, ambos saldrían ganando. Ahí, en ese encuentro fortuito a la orilla del lago, se cerraría un gran capítulo de la historia de su vida. El pesado libro del pasado daría vuelta la hoja sin ningún esfuerzo. Al menos para el, que volvía de saltar de una roca al pozón helado del río. Al menos para el, que mientras cruzaba el río de vuelta, entre rocas y poca corriente se cruzó con ella. Al menos para el, que sin dudarlo le dio la mano para ayudarla a cruzar. Y esa misma mano que hace 8 años había sido todo, y se había ido, volvió sin volver. En un sutil pedido de apoyo, acompañada de una sonrisa cómplice. Y a pesar de que él pensaba que algo así lo estremecería, no pasó nada. Pero significó todo. Y sólo le dio la mano que ella extendió también sin dudar para pedir ayuda. Y la ayudó a cruzar el río. Algo se dijeron, pero no fue importante. De espaldas el uno al otro, sin mirar atrás, sonrieron. Ella siguió su camino, con su radiante panza de madre y él siguió el suyo con la libertad de saber que el río no era más el mismo.


07Apr

Una sola vez

La reunión. La espera. La llegada. El bar. La aventura. La intriga. Las ganas. La timidez. La cerveza. La risa. La geometría. Los espejos. El entusiasmo. El acercamiento. La indiferencia. Los nombres. Las ganas. Las flores. Tu amiga. Los recuerdos. El pasado. La charla. La intriga. Las preguntas. La musculosa. Los labios. La boca. Las formas. La intriga. “Adiós”. La bicicleta. La vuelta. La idea.Las fotos. El disimulo. El interés. La intriga. “Hola”. La conquista. La historia. La histeria. “El mundo es nuestro”. La complejidad. Lo profundo. Los chistes. El humor. La geometría. Los astros. Las fotos. El disimulo. El juego. La adrenalina. La adolescencia. La conquista. Los mensajes. El tiempo. Las ganas. La intriga. [sobretodo la intriga]. La charla. La propuesta. El mundo. El color. El olor. La aventura. La esquina. La calesita. El mensaje (la culpa). La barra. El vestidito. El pelo. Los labios. La boca. La risa. Lo sublime. El auto. El cinturón. La mirada. El arte. El bar. Las obras. La amiga. La gente. La birra. La vereda. La mesa. El show. “Es demasiado rubia”. El beso. La pausa. La pausa. El beso. Los mimos. Las bandas. La birra. La risa. La amiga. El vestidito. Las tetas. El abrazo. Los besos. Los labios. La boca. Las obras. El auto. Mi casa. Los ojos. Las risas. Los impedimentos. Las ganas. La adolescencia. La intriga. El cuerpo. Los cuerpos. El silencio. Los besos. El cariño. El tacto. La mirada. El cansancio. La salida. La despedida. Los mensajes. El mensaje. La intriga. Las vueltas. La nada. La nada. La intriga. La nada.


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Ella se baja de la camioneta dando un pequeño salto. Sus zapatos estilo borcego que alguna vez fueron “pitucos” y alguna vez fueron rojos hoy tienen el color gastado y cuando pisa el suelo entiendo porqué: Una nube de polvo seco y fino se eleva y cubre hasta los cordones. Ella cierra la puerta y camina decidida. Sus rodillas flacas cruzan el “patio” de lo que se supone es una propiedad. Acá no hay pasto. La tierra es todo y el límite son los arbustos o árboles bajos que marcan la frontera del desde dónde y hasta dónde es cada espacio. La luz del sol viene casi paralela a ese suelo desde la izquierda. Esa luz, que dedicó su día a evaporar cualquier vestigio de humedad, está por irse y cruza, casi naranja, para dar de lleno en la ropa que está tendida. Debe haber unos 20 metros de soga, con una prenda al lado de la otra: remeras, pantalones, corpiños, medias, buzos… Ella se agacha para pasar por abajo de la ropa y en el mismo movimiento me mira “-Esta imagen me gusta”, sigue caminando hasta el fondo donde en la puerta de una de las “casas”, más bien rancho, hecho íntegramente de barro y ladrillo alguien la saluda. Como curiosas suricatas, aparecen chicos que se asoman a mirar quién anda por ahí. Debe haber entre 7 y 10, de entre 6 y 18 años. Ellos juegan con una oveja que anda dando vueltas suelta por el patio y cada tanto me miran tímidos esperando que les saque alguna foto. Ella habla con una señora que luego me entero es la abuela de todos esos chicos: “Yo cobro mi pensión y mi marido la suya por jubilado. Con eso mantenemos a los chicos. Pero estamos esperando que la municipalidad nos ayude con el tema del oxígeno de la madre así la podemos traer para acá y tenerla en casa. Ella está internada en el hospital en Santiago Capital, yo estoy cuidando a los chicos”, comenta sin sufrimiento alguno. “Bueno, pero cualquier cosa que necesite nos avisa. ¿Está buscando la leche para los chicos? Cuando pueda, pase por el centro y le damos”, le contesta ella, con ojos brillantes y mirada profunda. Atenta a todo lo que la abuela dice, sin dejar de comerse la uña del dedo gordo de la mano. Es más un tic, que comerse la uña en verdad. Una suerte de reflejo que delata que cuando hace eso, es que por su cabeza están pasando infinitas ideas y preocupaciones. “Si, si. Una vez por mes, más o menos, voy. A nosotros nos queda lejos y no tenemos como ir. Igual hacemos lo que podemos. Por ahora los chicos están bien.”

Subimos a la camioneta. Un carro a caballo pasa con un chicos que al verme con la cámara gritan y posan obscenos para la cámara. Para ellos, todo es un juego y cualquier excusa para divertirse y evitar sentirse abandonados es buena. Es como si buscaran la foto para saber que existen. Más adelante, en la banquina de la ruta, unos chicos revuelven la basura buscando comida o algo que les pueda ser útil. “La basura de unos es el tesoro de otros”, dicen… Ella y sus dedos largos, femeninos, agarran el volante con firmeza. No deja de mirar el celular y contestar mensajes. De tanto en tanto deja de lastimarse el dedo y comparte sus ideas: “Si no consigue el tubo de oxígeno esta semana puedo probar de hablar con Juan Carr, o ponerlo en Facebook. Ahí lo consigo seguro. Pero es mejor esperar a ver si la municipalidad la ayuda. Lo importante es que no se sienta abandonada.” Y otra vez esa palabra me retumba en la cabeza: Abandono.

Seguimos camino y vamos a lo de Matías. Su padre falleció hace tiempo, su madre esta internada por un cáncer terminal, su hermano mayor está en la cárcel, su hermana está en el hogar pero él no quiere ir. Tiene miedo de que si entra, no lo dejen salir. La hermana le lleva la comida todos los días a la casa y la idea es que al menos el se acerque al hogar a buscar la comida. Ella está indignada. Quiere ayudarlo pero el no quiere. No va a la escuela y se está “en la mala junta” como dice su hermana. Sólo, en su casa todo el día, se junta con los del barrio “Le meten pastilla a la gaseosa”, me cuenta su hermana más tarde. Matías no la mira a los ojos, y mira al suelo. A toda pregunta balbucea un “Si” dudoso. Nos subimos a la camioneta y seguimos camino. Ella se sigue comiendo la misma uña desde que salimos. Su preocupación tiene sentido. Esta historia se repite una y otra vez, desde hace más de 5 años, cuando decidió irse a vivir a Añatuya. Nada desentona más en este escenario que una chica de 30 años, de pelo largo casi pelirrojo y hasta la cintura. La ganas de ayudar son su motor. Las ganas de cambiar el sistema, su combustible. Ella no es rara. Ella no es especial. Lo especial es lo que hace y cómo lo hace. Se llama Catalina, como millones de otras Catalinas que debe haber en Argentina.

¿Qué es ayudar? ¿Alguna vez ayudaste a alguien? ¿Te ayudaron alguna vez? ¿Todos pueden ayudar? ¿Qué hace falta para cumplir un sueño? Estas son algunas de las preguntas que fuimos haciendo en Santiago del Estero, por los 6 centros donde Haciendo Camino trabaja principalmente para resolver el problema de la desnutrición infantil. Un trabajo hecho de manera integral, empoderando a las madres y buscando cambiar aunque sea un eslabón del circuito. “Modificando a un integrante del sistema, se modifica todo el ambiente. Lleva tiempo, pero es la manera que elegimos trabajar. Yo creo que si las madres empiezan a entenderse, a valorarse, a saber decir que no, a comprender como alimentar a sus hijos y porqué, el proceso cambia de rumbo y en vez de estar destinado a repetirse, generamos un cambio.” Dice ella, mientras mira la ruta y decide cómo seguimos. Su convencimiento es tal que las palabras le salen desde adentro, cree fervientemente en lo que hace y la naturalización de la idea lo hace más creíble. No es un futbolista repitiendo un casete. Es una mujer de 30 años que hace tiempo, como dice ella, decidió dejar de quejarse para empezar a hacer. Y definitivamente, está haciendo.

La impronta es muy compleja. Cambiar el sistema es el objetivo. Pero no la idea hippie de los 70′, tampoco la idea postmoderna de la protesta por la protesta misma. El país que no miramos, está plagado de historias de familias enteras que ignoran lo que es vivir, al menos como lo concibo yo. Tienen hijos sin saber que los hijos vienen después del sexo y tienen hermanos sin saber sus nombres. Son familias cuyos padres quieren la potestad de los hijos para cobrar la AUH y así poder comprarse una moto. Padres que se pelean por tener un hijo con Síndrome de Down para cobrar el plus por tener un hijo discapacitado. Pero no son culpables. Para nada. Son víctimas de la ignorancia. Son víctimas de un sistema que los tiene olvidados al punto que parecen no existir. Son vítcimas de una sociedad que los abandonó y los abandona día a día. Hijos, de hijos, de hijos, de la ignorancia extrema, la falta de educación y la supervivencia. Hijos, de hijos, de hijos, de padres, que no saben que hay que alimentarlos, que a un bebé recién nacido le dan yogurt de comer porque “si es caro debe ser bueno”. Ella, insiste y repite: “Una persona sólo puede dar aquello que recibe. Si no recibe amor, si no recibe afecto, si no recibe cariño, es imposible que lo pueda dar. Lo veo con los chicos del hogar. Cuando llegan, vienen de familias que los maltratan, abusados, lastimados. Nos los entrega el juzgado porque su familia le es hostil. Y llegan violentos, agresivos, sin límites. Pero a los pocos meses, cuando en vez de retarlos, les ponemos retos, cuando pasan un tiempo en convivencia donde los abrazamos, los queremos. Donde ellos se alimentan, comparten con otros chicos la alegría de estar vivos, cambian radicalmente y son puro amor. El cambio es impresionante. Y es una muestra de que el paradigma se puede romper.”

Seguimos viaje y pregunto con total ignorancia: “¿El problema es que hay desnutrición o malnutrición?”. Ella, casi retándome, contesta: “¿Cuál es la diferencia? Hay desnutridos proteicos, pero el malnutrido es un desnutrido. Lo que hay son bebes que no son alimentados bien y madres que no se alimentan bien ellas mientras están embarazadas. Incluso hay estudios que dicen que es importante la alimentación de la madre antes de quedar embarazada.” Así recorremos la provincia, por caminos de tierra y rutas provinciales que son un pozo al lado del otro. Visitamos familias, entrevistamos a madres y hablamos con los chicos. Veo como trabajan, como pesan y miden a chicos desnutridos. Cómo las madres responden con ignorancia y miedo a cualquier pregunta que les hace la nutricionista o la estimuladora. Escucho historias trágicas de chicos de 8 años que vieron a su padre matar a su madre. Hablan de sangre, de golpes y de maltrato. De la alegría de que su padre esté en la cárcel. En los centros hay mezclas de todo tipo de historias pero lo que si es claro, es que sienten la presencia y el acompañamiento de Haciendo Camino. Algunas incluso se emocionan cuando cuentan sus historias. ¿Qué es ayudar? ¿Cualquiera puede ayudar? La humildad en sus respuestas no deja de sorprenderme y me rebota en la cabeza cada vez que escucho la pregunta. Desde el dilema sociológico de la palabra hasta su origen:

“El verbo ayudar viene del latín adiutare, frecuentativo de adiuvare, y este de ad (hacia) + iuvare: ayudar, respaldar, complacer. En latín se relaciona con iuvenis, joven, iocundus (de iuvicundus), agradable, gracioso, y iumentum (ayuda para el arado). Ver: jumento, senectud y junior. Se asocia con la raíz indoeuropea *yeu, fuerza juvenil, que da yuva en sánscrito, jaunas en lituano, youth, young en inglés” (*)

No me llama la atención la relación de la palabra ayudar con la juventud y la fuerza. Si hay algo que “la ayuda” tiene, es un motor que nace en la fuerza interior y las ganas de lograr un cambio. Algo que cambia de estado, de estar mal, a estar bien. De no estar, a estar. De no ser, a ser. Y eso se ve, se nota, se transpira en cada paso que se da en el trabajo de las ONG. Primer cumplir propósitos, para luego cumplir objetivos y que luego se transformen en sueños cumplidos.

Grafiti en Añatuya, Santiago del Estero. Creo que el sistema deja de ser una mierda cuando nos damos cuenta que es modificable. Está en cada uno ver que hacemos para que el sistema cambie.

Este “desastre silencioso” es el peor de todos los desastres. Cuando hay una inundación, un terremoto, una tormenta, cualquier desastre natural que demanda una ayuda urgente, nos solidarizamos todos y no tardamos en estar presentes, en hacer que el necesitado no se sienta abandonado. La desnutrición infantil es sólo una luz roja de alarma que se prende muy tenue y no como una alarma repentina. Es sólo la punta del iceberg de un sistema que abandona por completo a miles de argentinos que están fuera. Fuera de todo. Del alimento, de la educación, de la seguridad, de la salud, del amor, del cuidado, de todo. Son argentinos que están fuera del margen, ahí donde nadie los lee, donde nadie los quiere ver. Argentinos que los municipios desplaza “para que no se los vea”. Argentinos que no ven Tinelli, ni saben lo que es un fondo buitre. Que su preocupación es saber si comen cada dos días o cada cuatro. Es un desastre silencioso, porque de a poco los va aniquilando, sin que estemos ahí para ayudarlos simplemente porque naturalizamos sus carencias como algo que no es urgente. Y porque la solución no está en donar un colchón, ni un cartón de leche. La solución está en saber que existen, en escucharlos, en trabajar con ellos para que al menos un integrante del sistema cambie y el círculo se rompa. La solución está en lograr que las generaciones que le siguen reciban lo que se merecen y entiendan que pueden tener la oportunidad de elegir.

Este abandono no sólo está presente acá, en Santiago del Estero. Desde que empecé a trabajar con Organizaciones Sociales, tuve la oportunidad de experimentar el abandono en que vive la gente en varias puntos del país. Desde CABA hasta Chaco. Desde Añatuya en Santiago del Estero hasta La Plata. Y la palabra que me queda rebotando siempre es “abandono”. Son personas que el sistema los abandona, que sus familias los abandonaron. Que la política los abandona y que cansados de luchar abandonan a los suyos e incluso se abandonan a ellos mismos. Se convencen de que nunca van a poder cambiar, de que su destino es ese y no conciben la posibilidad de tener oportunidades. Un abandono que echa raíces profundas y se sistematiza para el bien del político de turno que promete sin cumplir, que los hace visibles e invisibles dependiendo de las necesidades electorales y que definitivamente no tiene ganas de modificar el sistema. Gracias al trabajo de organizaciones como Haciendo CaminoCimientosVoy con Vosy muchas otras más, me consta que el cambio es posible. Pero sobre todo, creo que el legado está en que el paradigma está en manos de jóvenes que cada vez tienen más espacio, más seguridad y más convicción de que el cambio no está en el asistencialismo, sino que en buscar modificar los eslabones del sistema, uno a uno. Persona por persona. Historia por historia. Aunque se queden sin dedos para expresar sus nervios.

Mientras, me sigo preguntando: ¿Qué es ayudar? Aunque por ahora, me quedo con la respuesta más simple que me dieron: “Es hacer algo por alguien.”


Compartiendo anécdotas de la vida cotidiana porteña:

Ayer, Jueves a la mañana, salí temprano con la bici, hice 10 metros y saludé al portero vecino con el que tengo buena onda pero me pegó un grito y me hizo frenar: “Che pibe, me avisó el hombre de ahí enfrente que a tu auto le rompieron el vidrio.” Sin entender nada me saqué los auriculares y le pregunté: ¿Mi auto?” Me contesta: “Si, está ahí enfrente, le rompieron el vidrio del costado.”

Me acerqué al auto y efectivamente me habían roto el vidrio y el ventilete del auto. Tenía todo el auto revuelto, la guantera abierta, vidrios por todos lados, pero no me habían afanado nada. Mi stereo con Cassette cumplió su función aunque no en un 100%. No había nada que afanar, ni el cargador del teléfono ni los cables me afanaron. Los papeles del auto, etc. Todo estaba ahí. Con la paja acorde a la situación le agradecí al portero por avisarme y fui a casa a hacer la denuncia en el seguro y ver si me lo cubría. Efectivamente me cubría el arreglo, conseguí un proveedor a 4 cuadras de casa, coordiné y me dijo que se lo lleve hoy Viernes a la mañana. Volví al auto, le puse un cartón para tapar el vidrio roto pegado con cinta y me fui en la bici a hacer lo que tenia que hacer.
Me pasé el día de acá para allá, etc. Eran tipo 22hs. Estaba en casa tranquilo mirando una película y me acordé del auto. Pensé que tal vez seria bueno moverlo de lugar y estacionarlo donde haya más luz. Si bien no había nada que puedan afanar, el cartón desprolijo en la ventana llamaba mucho la atención y decidí moverlo. Como estaba en la misma cuadra de casa salí sin billetera ni nada. Fui, estacioné el auto en la puerta de casa y cuando salí, vi que en la galería que está a mitad de cuadra estaba la dueña y decidí pasar a saludar.
Nos pusimos a charlar en la vereda mientras ella pintaba algo en la vidriera del local. Noche muy tranquila, algo de gente circulando, muy relajados tomando Martini con Fanta. De golpe escuchamos unos ruidos raros en la esquina de Salguero y Soler donde hay una heladería. Había un auto estacionado en el semáforo que puso balizas y, se bajó una mina. Justo pasó un pibe en bici que venía de ahí y me dice “Parece que pasó algo”. Me paré y fui corriendo ala esquina, lo primero que escuché fue: “¿Estás bien? ¿Estás bien?” Miré para adentro y había un tipo todo ensangrentado con cara de desorbitado. Sangre por todo el piso de la heladería, un pendejo que corría para adentro a buscar un teléfono. Llamé al 911 y pedí ambulancia y patrullero. En el interín me enteré que habían entrado a afanar tres tipos armados, el heladero se les fue al humo y los pibes lo cagaron a culatazos en la cabeza, tenía 4 tajos que parecían importantes. Paula (la mina de la galería), lo conocía al heladero, lo hizo sentarse y que se relaje. En 3 minutos llegaron 3 patrulleros, uno por Salguero, otro por El salvador y otro contramano por Soler. Se sumó un tipo en moto de civil con handy y chumbo, nos pidió descripción de los chorros, era de “servicios especiales”. Yo no los había llegado a ver a los chorros pero los del auto que estaban en la esquina los describieron perfecto. Los de la moto salieron cagando a buscarlos y lo mismo otro patrullero. Al toque llegaron dos patrulleros más y a los 5 minutos llegó el SAME.
Estaban todos muy nerviosos, empezaron a llegar los vecinos chismosos, etc. El SAME lo revisó al heladero y como lo tenían que coser lo subieron a la ambulancia. El tipo no quería dejar el local solo y su mujer estaba en camino. Entonces le dio la llave del local a Paula (mi amiga de la galería) y guita para que pague el taxi. El del SAME pidió que alguien  lo acompañe al hospital por si había que internarlo y demás. El tipo estaba sin celular porque se lo habían afanado y como estaba medio nervioso necesitaba que alguien esté con el. En eso llaman por radio y dicen que atraparaon a los chorros pero que alguien tiene que ir a reconocerlos para asegurarse de que sean ellos. El pendejo que estaba con el heladero (Estaban sólo ellos en la heladería al momento del atraco) se subió a un patrullero y se fue. Les habían robado los celulares y una laptop. Cuestión que me subí a la ambulancia para acompañar a mi nuevo amigo Rubén “el heladero”. Antes de salir el enfermero lo hizo frenar al chofer de la ambulancia y le dijo: “Pará que llegó la mujer”, se abre la puerta y aparece la mujer de Rubén, alteradísima. Lo primero que ve, es a su marido con sangre por todos lados, la camisa llena de sangre, la cabeza cortada. Se puso a llorar a los gritos. Tratamos de calmarla con el enfermero diciéndole que Rubén está bien y la mina me mira fijo:  “Yo no te conozco. ¿Vos quién sos?”.  ” Soy un vecino, lo estoy acompañando a Rubén para que esté comunicado. Si querés podés ir vos con el”. Ahí salta el del SAME, la aleja a la mujer y le dice “Señora, su marido está bien. Ud está muy nerviosa. Mejor que se quede acá en el local con el oficial. Nosotros lo llevamos a Rubén, Ud cualquier cosa se comunica con… conn… ¿Tu nombre?”, me pregunta a mi. “Con Mariano” le dice, “Tranquilícese”. La mina baja un cambio, el del SAME me subió a la ambulancia y nos fuimos al Fernánadez.
Yo siempre en contacto con mi amiga de la galería. Le presté el celular a Rubén, llamó a su vieja para avisar que estaba OK, habló con su mujer, etc. Nos enteramos que los tipos se habían escapado en auto y los habían agarrado. Empezó un raid por hospitales. En el Fernández esperamos una hora y no lo atendieron por lo que nos tomamos un taxi y nos fuimos al Gûemes. Ahí otras largas horas de espera. Mientras, en la heladería llegaron los peritos, tomaron muestras de sangre porque los chorros tenían su sangre encima y servía como prueba. Declaración a los testigos, etc, etc. La mujer no se podía ir porque estaba la heladería llena de canas, el empleado (que era el pendejo de 20) estaba en la comisaría y mi amiga metida en el medio como testigo de las muestras de sangre, etc…
Yo en el hospital esperando que le saquen placas para que le den el alta. Tipo 3.30 am llegué a casa. Rubén, mi nuevo amigo, muy agradecido por todo. Un raid bizarro donde nos cruzamos con todo tipo de personajes. La noche de Buenos Aires esconde cosas de todo tipo. Desde heridos de bala en el Fernánadez, una partuirienta con el novio que se quedaba dormido, un taxista  de 2 metros de altura facho al mango, un cana que me susurra “Ya que no nos dejan meterle bala en la cebaza a todos, por lo menos hagamos las cosas bien para que terminen adentro de por vida”, una vieja que quería entrar a la heladería a tomar su ginebra de todas las noches hasta que vió el piso lleno de sangre. Etc…
Una noche muy bizarra y anecdótica solamente porque no pasó nada grave. Al final fue así: Entraron tres chorros a la heladería. El heladero estaba cerca de la puerta en una mesa charlando con su empleado (el pendejo de 20). Cuando entraron los tipos el heladero se les fue al humos sin pensarlo. Entre dos de los chorros lo recagaron a trompadas. El pendejó se ligó un culatazo en la cabeza y salió corriendo, activó la alarma y se escondió en el depósito. Uno de los chorros agarró lo que tenía a mano que eran los celulares de los dos y una laptop. Se fueron corriendo por Salguero y se subieron a un auto que parece que ya tenían. La cana de civil en la moto los encontró en Recoleta y se los llevó presos después de que el pendejo los reconozca. Según me dijeron ayer, ni se resistieron, no hubo tiros ni nada. Parece que tenían sólo tres balas en las tres armas que tenían. El diario exagera un poco con lo de tiroteo y poniénedole plural a todo. Igual, lo que pasó, pasó. Y fue una cagada.
Yo llegué a casa, me tomé un whisky y me fui a dormir.

19Jun

Canción

Cuando era chico, muy chico, una vez me preguntaron cual era mi canción favorita. Me acuerdo haber contestado que era Penny Lane, de los Beatles y que me gustaba porque decía: “Penny Lane is bla bla bla taking photographs”.
Yo estaba convencido que estaba sacando fotos o algo así y que Penny Lane era una mina de la que valía la pena enamorarse. Hoy por esas cosas aleatorias la volví a escuchar y me di cuenta que la letra decía otra cosa nada que ver y que Penny es una calle. No sé si sigue siendo mi canción favorita, pero me gusta mucho igual.”In Penny Lane there is a barber showing photographs”


Hace un par de meses fui a la comida de ex-alumnos de mi colegio. Sentimientos -pará que me saco el reloj- encontrados si los hay. Bastante cosa junta. Ya la cuestión física de estar ahí, es de por si “raro”. El colegio. Ese lugar. 12 años. Ese patio, ese hall, ese comedor, esas mesas, esos chicles pegados abajo, esos pasillos, etc. etc…

Y estando ahí, compartiendo una comida con extraños no tan extraños. Hablando de la vida y poniéndome al día con alguno me pregunta: ¿Qué es de la vida de tal? ¿Y de tal? ¿Y de tal? De alguna manera casi todos los personajes que me nombraba eran parte de mi vida cotidiana. “Pará, te ves cono todo el mundo”, me dijo. Y la verdad es que no. No me veo con todo el mundo. Pero todos los personajes que el nombró uno por uno, tenían algo en común conmigo. Algo en común entre sí. Y algo fuera de lo común para él.
 
No me di cuenta hasta más tarde, cuando hablando con otros de los que son parte de mi grupo de amigos más “cotidianos” caí en la cuenta que eso que tenemos en común es algo indefinido. Pero es algo que nos define. No sé si como “raros”, “distintos”, lo que sea. Pero definitivamente no parecemos salidos del mismo riñón que la mayoría de los egresados del colegio. Pero de alguna (u otra) manera estamos relacionados por un hambre distinta. Por una pasión que tal vez se nutre de nosotros mismos, de un espacio liberador que nos permite ser y buscar de una forma distinta. No mejor, no pero, pero si distinta.
Si miro a ese grupo “cotidiano” y no tanto. A esa gente que “veo seguido”, hay algo que tenemos en común todos. No sé que carajo es. pero me enorgullece ser parte. Porque si bien tenemos cosas muy distintas, pensamos muy distinto en millones de cosas, valoramos algún aspecto de todas esas diferencias que nos hacen bien. Que nos hacen crecer. Y vemos en esa diferencia algo que nos nutre y es necesario.
Puede que sea porque estoy pasando por un período muy introspectivo (y whiskero) de mi vida, pero caí que a cuenta que tengo muchas cosas grosas en este grupo de “amigos”.  ¿Qué somos? No sé. Pero a mi me motiva tener amigos que sean así. Distintos, apasionados, fuera del manual, fuera del estereotipo, “indefinibles” de alguna manera. No reniego de los que no lo son. Hay gente en mi grupo que está más cerca de un manual Kapeluz que otra cosa. Que su día de locura es cuando un amigo le cuenta una anécdota. Pero de alguna (u otra manera -nuevamente-) aportan algo. A mi, a todos estos personajes que me circundan me aportan algo. Abogados, Ingenieros, músicos, Idealistas, padres, solteros, novios, musicoterapeutas, agrónomos, financistas, sojeros, emprendedores, comunicólogos, comunicadores, publicistas, etc, etc, etc.
Ciertamente, a veces me da mucha paja, a veces me fascina, a veces me da igual. Pero definitivamente el grupo de gente que me rodea me define. Hay pasiones que nos lleven a  no ser tan de manual. A no seguir la regla. a mandar todo al carajo. A buscarle la vuelta al esquema. A lo que sea. Pero por lo menos nos cuestionamos la norma en algún momento de alguna manera. Aunque sea aceptando al que no es el prototipo de “la norma”. Y tenemos alguien a quién contarle nuestro delirio.
¿Qué hago? No sé. Pero me gusta compartir. Debatir, putear, hacer que la gente se mueva.
 Al que no hace nada, no le pasa nada, pero:”Al hombre que hace cosas le pasan cosas”. Yo quiero hacer, yo quiero que me pasen cosas. Y por suerte es así.
Creo que espero poder releer esto dentro de unos años y encontrarme sonriendo.

18May

Guión


04Mar

Deseos

Hubo una época en que cada vez que pasaba por abajo de un puente mientras pasaba un tren pedía tres deseos:1.- Ser feliz.
2.- Ser feliz.
3.- Ser feliz con ella.

Uno no se cumplió.


04Jan

Libertad

El bolso. La ventana. Las llaves. La puerta. El pasillo. La puerta. El auto. El bolso. La puerta. La nafta. Los semáforos. La música. La radio. La calle. El semáforo. El peaje. El acceso. La salida. La Libertad. El camino. El puente. El semáforo. La ruta. La libertad. La música. La buena música. La ruta. Los camones. Los autos. Las señales. Máxima 130. La ruta. La ruta. La ruta. La música. La radio. FM. Las noticias. La tarde. El atardecer. La nafta. La noche. La nafta. La música. La libertad. La ventana. El cambio de aire. Los bichos. El parabrisas. La lluvia. El viaje. Ella. La idea. Los camiones. Los mensajes. El descanso. El bolso. El hotel. La parrilla. El sueño. La ducha. El desayuno. El bolso. Los mensajes. El amor. La idea del amor. Los mensajes. La ruta. La nafta. El paisaje. La ventana. El cambio de aire. La libertad. La meseta. El desierto. La nada. La ruta. EL todo. Los carteles. Por no descansar, se durmió y volcó. Los accidentes. La ruta. El cuidado. Los mensajes. La parada. El descanso. La ruta. El control. ¿De dónde viene? ¿A dónde viaja? Siga. Buen Viaje. La ruta. El puente. El río. El desvío. El control zoofitozanitario. Son 10 pesos. Mi compañero le cobra. No llevo fruta ni verdura ni carne. Siga. La ruta. El aire, El valle. Las manzanas. Los kilos. La nafta. La curva. Los mensajes. El cielo. La música. La buena música. ¿Qué haría sin vos? Las montañas. La libertad. Las papa-fritas. El descanso. El estiramiento. El paisaje. El olor a libertad. El volante. La mano. La libertad. La curva. El puente. El río. El agua. El cielo. Las curvas. El desvío. El conejo naranja pegado en El cartel. El brazo Huemul. El atardecer. El cielo. La montaña. El amor. La música. El olor. El viento en La cara. El descanso. La sonrisa. El encuentro. El abrazo. La charla. El bolso. El sueño. El descanso. El amanecer. La ducha. El bolso. El desayuno. La salida. Las curvas. El control. La aduana. Los volcanes. Las nubes. El cielo. El volante. Ella. La idea. La libertad. La balsa. El mar. Los delfines. Los mariscos. El viento. El cielo. La música. La libertad. El amor. El volante. La autopista. El idioma. Las compras. Los víveres. El vino. La llegada. El bolso. La vista. EL paisaje. El mar. Al fin El mar. Los mariscos. El vino. El whisky. La familia. La música. Siempre La música. La comida, los deseos. La charla. La añoranza. La desconexión. El mar. El amor. Los sueños. Los zapatos. La vista. El mar. La comida. La bebida. El sueño. EL desayuno. La comida. La bebida. El vino. La música. Los regalos. Los saludos. Las cartas. Los juegos. Las charlas. Los mariscos. El atardecer. Ella. La idea. El mar. La noche. El mar. El viento. La caminata. El acantilado. Las gaviotas. El mar. El vértigo. El amor. El recuerdo. El sueño. El descanso. El desenchufe. La añoranza. El amor. La música. El auto. El bolso. La despedida. El aceite. La nafta. Los vidrios. El viaje. La ruta. El volante. La libertad. La autopista. La balsa. Flotar. El amor. La ruta. La aduana. ¿Algo para declarar?. La ceniza que ya no es. El cielo. La tarde. El paisaje. El encuentro. EL bolso. La charla. La comida. EL encuentro. La amistad. El amor. La amistad. La música. La tarde. Las empanadas. El vino. El bolso. El auto. El descanso. El amanecer. La ruta. El paisaje. La música. Qué haría yo sin vos. El cielo. El brazo Huemul. Las curvas. La libertad. El amor. La ruta. El cielo. La visita. Los ciervos. El puente que no es. El cielo. El descanso. El desayuno. La foto de La semana. El chat. Los mensajes. El amor. La ruta. La nafta. El paisaje. La música. El puente. El peaje. El cordero. La ruta. La pampa. La ruta. Los Monumentos. Choele-Choel. El descanso. El sándwich. El atardecer. La ruta. AM. La música. El cariño. El hermano. La familia. Los sobrinos. La comida. La charla. El afecto. El abrazo. El saludo. El cariño. Los recuerdos. El bolso. El sueño. El descanso. El campo. Los sobrinos. El despertar. La ducha. El desayuno. Los sobrinos. La huerta. El amor. La familia. El campo. El cordero. Los sobrinos. La lechuga. El repollo. El almuerzo. Las milanesas. La verdura. El té. El cariño. La felicidad. La partida. La libertad. El bolso. El queso. El auto. El camino de tierra. La nafta. La ruta. Los amigos. Los mensajes. El camino de tierra los amigos. Las compras. El atún. El perro. Los chistes. El abrazo. El afecto. Los saludos. El cariño. El amor. Los mensajes. La desconexión. Las compras. El vino. La carne. La pasta. El Cordero. El encuentro. El saludo. El afecto. La noche. Las charlas. El bolso. La cama. El descanso. La libertad. Los juegos. La música. Siempre La música. El amor. La añoranza. El afecto. El sueño. El descanso. El amanecer. El desayuno improvisado. Las charlas. El cariño. Las decisiones. Las discusiones. ¿Qué comemos? La cocina. El asado. El afecto. Las discusiones. Las peleas. La libertad. La música. Los preparativos. El sueño. Las charlas. El vino. El Campari. La visa. La amistad. El whiskey. El queso. El amor. Las charlas. El tenis. El budín. El búho. La noche. La lluvia. El egoísmo. El afecto. Los juegos. Las risas. El atún. Los amigos. Los recuerdos. El amor. Los pajaritos. El cielo. La noche. Los preparativos. El cordero. Fin de año. Año nuevo. El afecto. El amor. El cariño. Los mensajes. 5 horas. La lluvia. El frío. El que empieza antes. EL brindis. EL manjar. La terapia. Las peleas. Endos discussion. El sueño. La añoranza. El amor. La presencia. La pelea. La discusión. El embole. TED. El sueño. El Búho. Will it blend?. El sueño. El descanso. Las empanadas. La bondiola. La paja. El orden. El afecto. Los autos. La plata. Los gastos. El cielo. La música. EL búho. Las empanadas. El relleno. El cordero. El manjar. La noche. El bolso. La nafta. La ruta. La charla. El debate. Es imposible. L música. Los peajes. Los gastos. La estación de servicio. El saludo. La despedida. Los mensajes. La ruta. El camino. El amor. El afecto. La despedida. La repartija. Tu casa. Mi casa. El bolso. La cama. La ducha. El sueño. La libertad. La libertad. La libertad El amor. La añoranza. El amor. La libertad. La libertad. La Li-bert-tad. La casa. Las ventanas. El bolso. El lavarropas. La rutina. El amor. Lo que queda. Lo que es. Lo que se espera. El año nuevo. La vida nueva. El afecto. El cariño. Los mensajes. El amor. ¿El encuentro?

Nota del autor: Viene de: Una Foto de Esta Semana Nro. 383. http://www.followfollow.blogspot.com


21Dec

Hacer cosas

Al hombre que hace cosas: Le pasan cosas.
Al que no hace nada: No le pasa nada.
¿Vos querés que no te pase nada?
Yo no.
Yo
quiero
que
me
pasen
“cosas”.
Muchas,
muchas,
“cosas”.Porque si me pasan cosas. Todo tipo de cosas. Me siento vivo.