En mi familia siempre hubo una gran impronta artística. El estilo y el gusto por el arte, el diseño, las “cosas” visuales y sonoras no pasaron desapercibidas durante mi infancia. Mi papá me enseñó a sacar fotos y a filmar al tiempo que mi mamá me llevaba a museos cada tanto, ya sea para ver la exposicón de arbolitos de Navidad en el Museo de Arte Decoartivo como para arrastrarnos a una restrospectiva de Piet Mondrian a mi y a mi hermano
Particularmente me acuerdo de esta retrospectiva. Yo tendría 14/15 años. Y me acuerdo mi indignación cuando no entendía como un artista que comenzó pintando unos paisajes increíbles con lujo de detalle de cada hoja en el viento terminó haciendo líneas negras y cubos de colores estridentes. Y para peor, esos cuadros inentendibles, parecían tener mucho más valor que los paisajes.

Ya más grande y dando lugar a nuevas ideas, espacios y después de haber visitados algunos museos me encontré entrando en una sala del MoMa de Nueva York. Esto fue hace un par de años.

Estaba con la famosa “Audioguía” pegada a mi oído. Antes de entrar en la sala, me fijé en el cartelito que decía: Rachel Whiteread. Untitled (Paperbacks). 1997. Plaster and steel, Overall 14′ 9 1/8″ x 15′ 9″ x 20′ 8 3/4″ (450 x 480 x 632 cm).
Me acuerdo que me llamó la atención el nombre de la artista y el nombre de la obra. En español su apellido sería “Leer Blanco” y la obra se llama “reverso de la hoja”. Lo primero que pensé fue: “Seguro que la volvieron loca en el colegio y quedó traumada”. Pero bueno.
Estaba solo ese día. El museo estaba lleno de gente, para variar. Pero en momento en que entré a la sala, estaba sólo. Lo que vi fue esto:

Estaba adentro de una escultura del tamaño de un cuarto. En silencio. Sólo. Al principio, mi primer sensación fue de vacío. De golpe estaba sólo. Adentro de una “no biblioteca” o algo por el estilo. Todo parecía ser blanco, sólo blanco. di unos pasos, me di vuelta y todo el cuarto estaba cubierto con este negativo de lo que pudo ser una biblioteca. De lo que pudo haber sido, de lo que nunca fue pero era sin serlo.
Me acerqué a uno de los “no estantes” y la biblioteca fue dejando de ser biblioteca. Se fue transformando en texturas, en hojas, en lomos de libros apretados. En libros grandes, en libros chicos. Altos bajos, gordos finitos, texturas de potenciales hojas que podrían haber albergado palabras pero no. Era sin serlo. En una acción minimalista, un cuarto blanco, lleno de “no libros” en un cuarto que era una “no biblioteca” me sentí bien. Me perdí mirando los rincones, buscando texturas y guiado por la artista que me hablaba en la audioguía, traté de elegir el rincón que más me gustaba y me di cuenta que no exitsía. Porque para que un rincón me guste, tenía que estar todo lo demás. Y eso me gustó mucho.
Acá está el audio original. No es lo mismo que estar caminando pro ahí, pero es lo más cercano que puedo llevarlos desde acá, sentado adelante de mi computadora.

Ojalá algún día pueda lograr algo parecido.


Algún día seré sincero y publicaré mi versión de los hechos.. Algún día…


Cuando yo era más niño, allá por los años 80’s estaba lleno de películas holywoodenses que proponían un modelo de sociedad donde “el copado”, “el canchero”, “el deportista”, “el exitoso” en el colegio/universidad/trabajo era el único que triunfaba en la vida. Creo que jamás vi una película que proponga un modelo donde el que estudiaba y trabajaba con pasión por lo que quería, llegara a triunfar. Tal vez “Los Goonies” porponía algo parecido pero era una película que apuntaba a chicos más chicos (Por cierto una gran película, al trailer está en youtube).

El modelo que proponían y bajo el que yo vivía era que para triunfar había que ser lindo, fuerte y bueno en los deportes. No sé Uds. pero yo no veo muchos Quarterbacks, de esos que se enganchaban con las porristas más lindas, en las gerencias de las empresas o presidiendo países. Casi que lo que más veo hoy es a aquellos que en su momento eran considerados “perdedores” en grandes puestos de mando, como referentes en medios de comunicación y demás.
No sé bien cual es el modelo que se le propone a la sociedad ahora pero me da la impresión que hoy en día ser looser es lo que antes era ser exitoso. Es como una moda tirarse a menos, decir que uno es poca cosa, aclarar que uno no sirve para nada como una falsa modestia que nos abre puertas. Hace rato que vengo escuchando a periodistas, conductores de radio, empresarios e incluso amigos hablar mal de ellos mismos.
Como si la balanza se hubiera invertido, en vez de decir que somos los mejores, como nos porponía aquel modelo de estudiante de la “preparatoria” de EEUU, ahora es más “productivo” o “ventajoso” andar diciendo que no somos nada, que las cosas nunca nos salen bien y que los éxitos son gracias a la suerte.
¿Será por el efecto sorpresa que genera cuando demostramos que sí sabemos hacer las cosas? ¿Será por que siempre es mejor que lo bueno de uno lo descubra el otro, a que nosotros lo andemos diciendo?
La verdad que no sé. Pero hoy al mundo los manejan los loosers. ¿O no?
Igual, aunque no sirva para nada,  yo soy feliz.


[En Mayo de 2001, en la facultad me pidieron que escriba una autocrítica / descripción mía. Revolviendo backups en casa, buscando otras cosas, encontré este TP y como hace rato que no publico nada… aquí se los dejo. Ahh, sigo siendo feliz, y me siento bastante identificado con la descripción.]

Mayo de 2001

Yo soy Mariano. Un hombre de temperamento recto, de mirada cambiante y de ojos distraídos. Un hombre de cejas perdidas y ceño preocupado. Soy un hombre de peinado desparejo, con la cabeza bastante separada de los pies y con altiva frente. Soy quien tiene crudeza al imponer ideas, y actuación al imponer situaciones; amor por las cosas simples y artífice de las cosas complicadas. Soy quien mira la luz y sus dibujos con admiración, y teme a la somnolienta noche mirándola con aburrimiento. Soy un buscador de ilusiones en las almas de las mujeres, mirando con desazón a las chicas. Soy un solitario delirante, creativo por escape e intuitivo por auto convicción. Cabezadura por diversión y testarudo por genética. Sorprendentemente enamoradizo y contradictoriamente enojadizo. Explicador del sin sentido y de la duda propia, tal vez por poder, tal vez por aburrimiento. Derrochador de saliva por momentos y gritón de silencios por otros. Polifuncional en lo práctico aunque patético en cuanto a lo teórico, desmedidamente desequilibrado en la seriedad e imparable en la jocosidad.
Sé que soy así porque así es como yo me siento, me paro y acuesto, me levanto y me vuelvo a sentir así.. En mi solitaria soledad cuando solo soy yo con migo mismo, me encuentro de esta forma. Mi entorno me dibuja el contorno de lo que soy y lo relleno con mis cualidades, que de acuerdo a mi transparencia se dejan ver o no. De la honestidad de mis actos y de la congruencia entre mi esencia –la que reconozco día a día- y lo que hago harán que yo sea lo que debo ser: YO.


…Y estaba en la galería, y se veían las montañas (como siempre se ven desde la galería). Y almorzamos, y disfrutamos del sol. Y cantamos el feliz cumpleaños y ella sopló las velas (como siempre hace en su cumpleaños).
Y eran mis últimas horas de vacaciones y no había viento y tenía pocas ganas de irme (como siempre me pasa en las últimas horas de mis vacaciones).

Hacía más de diez días que estabamos ahí. El aire había estado quieto todos los días, el olor estaba quieto todos los días y yo sabía que me iba. Pero se sentía distinto.Todavía faltaba volver. Y esa sensación de que eran los últimos minutos tenían algo raro. No se sentían como cuenta regresiva. Es como que la añoranza adelantada de lo que sabía iba a recordar los próximos días, hacía de esos minutos unos minutos raros.

Tenía ganas de quedarme pero a la vez ganas de irme para que esos días pasen al recuerdo y así poder sentirlos como tales. Hay veces que siento que me gusta más recordar y añorar lo vivido que vivirlo. Es como que mientras vivo algunas cosas pienso “Que bueno va estar cuando me acuerdo de esto dentro de un tiempo”.

…Y compartimos la mesa y nos reímos en los postres y cargamos el auto y agarramos la ruta y dejamos atrás la cordillera, las montañas, el viento que estaba quieto, la galería, el cumpleaños, las frambuesas. Que bueno que está acordarme de cada una de las cosas que vivo. Espero acordármelas más adelante. Y espero que sigan escritas, porque si no soy feliz, podré releerlas.

Ahora soy feliz y escribo.


18Jan

Free Falling

Son las 18:32, es viermes, es enero y es Buenos Aires. En la oficina ya no queda nadie. No queda nadie en todo el piso. Creo que en el edificio ya no queda nadie.
Hace calor, pero no tanto. Está nublado, pero no tanto. Mientras termino unas cosas que tengo que dejar listas para el lunes, la computadora me elige la música.

¿Cómo sacar una foto de esto?. Sé que no se puede, y eso me gusta. En una foto sigue sin entrar todo. Por eso a veces escribo.

El Lunes me voy de vacaciones dos semanas.
Definitivamente “free falling”.

Gracias!

Mariano


Ahí estábamos. Simplemente por dejarnos llevar, por “dejar fluir”, por no programar, por lo que fuere. Ahí estábamos. Éramos como 15, sentados a la mesa, compartiendo un asado.
Nos habíamos dejado llevar pero también habíamos enfocado la energía, o las ganas, o lo que fuere. Amoldando las posibilidades para que de alguna manera terminemos más o menos donde queríamos. Terminemos donde estábamos.
Lo mejor de todo era que no había grandes expectativas. El objetivo era estar, entre algunos queridos amigos. La consigna de la mayoría era: No estar en Buenos Aires y estar con amigos.

Y ahí estábamos. Amigos de toda la vida, otros no tanto, otros recién conocidos. Algún viajero que estaba de paso…Ya había pasado el momento de los abrazos, las miradas cómplices de las amistades duraderas y los mensajes por celular a los que estaban presentes en los pensamientos. De fondo, la pirotecnia de los vecinos, más lejos el mar, y más al fondo las estrellas. Sentados a la mesa en la galería, compartiendo el asado, un vinito, un clericot y algunos whiscolas. Descorchamos el vino espumante al estilo de Chapaña, llenamos nuestros desparejos vasos (porque para un brindis de este estilo no hacen falta copas de cristal) y a un alma de las 15 se le escapó una linda idea. Una feliz idea. En contra del sentido de las agujas del reloj, como queriendo detener el tiempo, cada uno tenía que expresar un deseo para este nuevo año. Con cada deseo un brindis, con cada deseo, el segundero corría para atrás y así, para mi, logramos frenar el tiempo, aunque sea unos minutos.

Hubo brindis por los que no estaban, por la felicidad, por las noticias venideras, por las parejas que se unirían en matrimonio, por la amistad y demás. En cada brindis estábamos todos presentes y con cada sorbo de champaña se frenaba un segundo más el tiempo.

Y como me pasa algunas veces, salí de la escena. Me alejé sin alejarme y desde arriba vi a 15 personas reunidas en una mesa. De pie, en la galería de una casa de verano. Y entre miradas, abrazos de amistad, saludos y tragos de chapaña me seguí alejando como una cámara en la escena final. Desde afuera me vi, entre mis amigos, brindando por un futuro y riéndonos de nuestro pasado.

Y ahí estábamos, sin planearlo. Disfrutando de todo y de la nada misma. Compartiendo. Y fui feliz.


Fue un lunes a la mañana.
Estaba esperando que terminen de secar mi auto en el lavadero. Llegó un Renaul 12 break del que se bajó una chica de unos “treintaylargos”, se notaba que era una especie de hippie devenida en madre: Esas madres muy colgadas que tienen un ángel de la guarda importante. Esas madres que se olvidan de las cosas más básicas pero que de alguna manera todo les termina saliendo bien. Esas madres que te miran con una parsimonia que hace imposible que no te enamores.

Esta madre, con musculosa celeste, rubia, pelo largo, con pantalones color caki y con manchas de barro. Se bajó y le pidió al tipo del lavadero si le prestaba la aspiradora.
Ella ni pensó que el tipo vivía de eso. A ella ni se le pasó por la cabeza que era insólito ir a un lavadero a pedir prestados los elementos de limpieza. Y eso es lo grandioso que tienen algunas mujeres. Que consiguen lo imposible sin siquiera saber que es imposible lo que están consiguiendo. (Sólo algunas pueden y son las que por lo general me pueden)

Ante tanta naturalidad y belleza el tipo del lavadero se comportó como un caballero. No sólo buscó la aspiradora sino que también empezó a pasársela al auto, sin esperar ninguna moneda a cambio. Porque en el fondo él sabía muy bien que si das buena onda, recibís.

Cuando abrió la puerta aparecieron todo tipo de cosas que una madre hippie puede dejar tiradas en el auto. Botellas vacías, envases de yougur, un matafuegos, papales de caramelos, monedas, carilinas y cuantas etcéteras se te puedan ocurrir.

Pero en ese momento mi cuadro cambió, la escenografía se transformó por la aparición de la hija de esta madre, hippie y colgada.

Una enana, de unos 5 años, rubia como si fuera sacada de un libro de cuentos para chicos. Se bajó del auto y lo rodeó dejando que el paso de sus dedos hicieron de trapo para dejar cuatro líneas limpias, despojadas de tierra alrededor de la carrocería del desvencijado auto.

Y así nomás, con ese caminar a paso lento, arrastrando la punta de las zapatillas, se paró adelante del auto y mirando el cielo le preguntó a la mamá. (Y eso que la mamá no estaba cerca, pero las madres siempre están al lado de uno, aunque realmente no lo esté).

-“¿Mamá?. ¿El cielo está tan alto como parece?” dijo.

No pude evitar mirar al cielo. Me quedé pensando en una respuesta. En algo que tuviera sentido para contestar esa pregunta tan trivial. Y fue ahí cuando entendí que lo bueno es poder vivir la pregunta.


“La felicidad es el resultado de una actividad neural fluida en la que los factores internos y externos interactuan estimulando el sistema límbico. La estimulación del ego por parte de este sistema, nos dará un enfoque de los resultados más óptimos, ayudando a la integración de la información adecuada. Ello fomentará respuestas nutridas desde el inconsciente, que nuestro consciente adaptará a los límites del medio. De esta forma se propicia o aplaza ese estado anímico. Si no se logra integrar la información de forma óptima, el resultado será una polarización a la espera de ser integrada en una solución que cancele la carga.”